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El Covid y las pantallas protectoras

Se han convertido en todo un símbolo de lucha contra el coronavirus, pero la ciencia, hoy por hoy, no avala que realmente sean eficaces como elementos de protección.

Las pantallas protectoras son uno de los elementos que la población civil está usando en tiempos de pandemia para protegerse el rostro de posibles contagios. Sin embargo, es la mascarilla la que sí se muestra como garantía solvente (preferentemente higiénicas y quirúrgicas)

De hecho, ni el Gobierno ni la Organización Mundial de la Salud (OMS) se han referido a las pantallas protectoras como elemento disuasorio y de barrera contra el Covid-19. Solo han aconsejado el uso generalizado de mascarillas que, como sabemos ya resulta obligatorio para los mayores de seis años en espacios cerrados y en lugares públicos cuando no se pueda garantizar la distancia mínima de seguridad de dos metros.

No sustituyen a las mascarillas

Los expertos vienen diciendo que las pantallas de plástico, máscaras o viseras no deben emplearse como sustituto de las mascarillas. Pueden dar una falsa sensación de seguridad, aunque la distancia física es la mejor manera de evitar el contagio. Se ha comprobado que las mascarillas protegen mucho más de la infección.

Su principal inconveniente es su escasa protección si las comparamos con las mascarillas, aunque cubran ojos y cara frente a gotas o fluidos.

Las máscaras protectoras sí son más cómodas de llevar y molestan menos, sobre todo si se lleva gafas. Además permiten la ventilación y no producen sensación de ahogo. Es más, se pueden reutilizar al poder desinfectarse fácilmente. Basta agua y jabón.

En el ámbito social permiten la comunicación e interacción con nuestros semejantes mucho mejor, sin duda.

Pero ni protegen del contagio ni evitan la transmisión si uno mismo sufre el virus. Las partículas más pequeñas pueden permanecer en el aire por más tiempo y fluir alrededor del protector facial para inhalarse más fácilmente, ya que la visera no está cerrada del todo.

Así, si se decide llevar una pantalla facial será preciso utilizarla junto con una mascarilla para garantizar la protección de las vías respiratorias.

Como complemento del EPI

Las pantallas protectoras sí resultan útiles si forman parte del Equipo de Protección Individual (EPI) de los trabajadores sanitarios; es decir, como factor añadido a otros materiales, como pueden ser mascarillas con nivel de filtración mínimo FFP2 o FFP3, y traje impermeable. Si se emplean de forma conjunta sí resultan beneficiosas, pero no recomendables como método único de protección.

Los expertos sanitarios no aconsejan las viseras faciales cuando se sale a la calle o la persona se encuentra en entornos con espacio suficiente y sin apenas contacto. No es un producto sanitario y, como tal, su funcionalidad es bastante limitada. Llevando una mascarilla y guardando la distancia de seguridad es más que suficiente.

Además, existen determinados tipos de pantallas protectoras que, dependiendo del material y la fabricación pueden generar incluso problemas en la visión como mareos o molestias.

El usuario, se se decide por hacerse con una máscara o visera facial debe vigilar lo que compra y la homologación que tiene dicho producto.

Asimismo, hay que pedir una guía de uso y limpieza para poder emplear correctamente el producto.

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